Sacerdotes denunciaron la creciente tenencia de armas en los barrios

El sacerdote hablaba con los jóvenes que concurren al Centro de vida de la parroquia cuando al salón ingreso un hombre corpulento con paso decidido. Con la frente en alto, se paró entre los pibes, miró a los ojos al cura y le dijo en tono desafiante: «Ustedes van perdiendo, acá hay cada vez menos chicos. A mí me siguen cada vez más». Después, el hombre, que los vecinos identificaron como «el distribuidor del barrio», volvió sobre sus pasos y se alejó de la capilla tan tranquilo como cuando había entrado.

El episodio sucedió hace varias semanas en una parroquia de zona noroeste. Pero se recordó ayer en un intento por ilustrar la tensión que se vive entre las instituciones de la Iglesia Católica y las organizaciones delictivas que actúan en los barrios más vulnerables de la ciudad.

El relato sonó en medio de una reunión donde un grupo de sacerdotes, que desempeñan su tarea pastoral en las barriadas populares, manifestó su solidaridad con la comunidad de la parroquia María Reina y el colegio Paulo VI, de barrio Larrea, baleados el domingo pasado.

En un duro comunicado, una docena de sacerdotes denunciaron «la creciente tenencia de armas que se ha vuelto masiva en los domicilios y en las calles» y reclamaron que se persigan «a las organizaciones que sustentan este sistema de muerte».

El documento está encabezado por la federación Familia Grande Hogar de Dios, que agrupa a los centros barriales que atienden las situaciones de vulnerabilidad social y consumos problemáticos de sustancias psicoactivas, y la campaña nacional «Ni un pibe menos por la droga».

Y lleva las firmas de doce sacerdotes de distintas parroquias de barrios populares, como Claudio Castricone y Miguel Agüero (de Tablada), Fabián Belay y Augusto Notario (La Lata), Javier Pussetto y Nicolás Borelli (Italí, Las Flores y San Martín Sur) y Sebastián Amerise (Las Delicias y La Granada). Además, adhirieron una veintena de religiosos de la provincia de Buenos Aires, con el cura José María Di Paola a la cabeza.