Rodrigo Salinas pidió disculpas por la pelea en Tucumán

El delantero de Newell’s Rodrigo Salinas quedó en el ojo de la tormenta por su bochornosa pelea en pleno campo de juego con Johnatan Cabral, defensor de Atlético Tucumán. Ambos se tomaron a golpes de puño, fueron expulsados y quedaron expuestos a una dura sanción de parte del Tribunal de Disciplina. El otro se mostró arrepentido y pidió disculpas.

«Fue una situación fea, ni siquiera llegué a pensar en dónde está parado ni en el contexto en que estaba. Fue un forcejeo, nos tiramos manotazos los dos, pero particularmente creí que no iba a pasar a mayores. Y me sorprendí cuando me dio un golpe con la cabeza en el rostro».

«Reaccioné por impulso. No pensé, me salió así y al instante me arrepentí: me dí cuenta de dónde estaba, qué nos estábamos jugando, y sentí una tristeza y una vergüenza muy grandes».

Salinas subrayó que lo descolocó el cabezazo del defensor rival: «No me esperaba, cuando quedamos cara cara, ese cabezazo en el rostro y fue un segundo. No lo pensé de ninguna manera, me salió por defensa, por impulso, por lo que sea. Pero de ninguna manera tiene justificativo, me equivoqué».

En cuanto a la sanción que podría caberle, comentó: «No tengo nada para decir, ojalá sea lo menos posible: fueron golpes de puño y el cabezazo. Pero a veces hay situaciones más graves, con patadas adrede, que terminan con jugadores lesionados varios meses. A eso, como es con los pies, uno está acostumbrado. Acá quedamos más expuestos. Habrá que aceptar la sanción que sea, ojalá no sea ejemplificadora porque no quiero ser chivo expiatorio de algo así».

«No pude hablar con el árbitro, no sé qué puso en el informe. No sé cómo manejarme en este tipo de casos, no recuerdo alguna otra expulsión en mi carrera. Me agarró desprevenido. No sé cómo se manejan, calculo que se hará un estudio con los antecedentes y espero que sea así y me den lo que sea justo», aportó.

El ex delantero de Vélez negó que la pelea haya seguido en camarines: «Yo me fui al vestuario y la verdad que no estaba muy enfocado, estaba ido, avergonzado y enojado por cómo había reaccionado. Pero no volví a tener ninguna acción agresiva con el otro jugador, estaba fuera de contexto, arrepentido por lo que había hecho».

Finalmente confesó que les pidió disculpas a sus compañeros en el vestuario: «Cuando entraron los chicos sentí la necesidad de disculparme. Correspondía. Para sentirme un poco más aliviado, porque la culpa y la vergüenza que sentía eran muy grandes».