Colón y el juego de las diferencias

El fin de semana dejó lugar para la reflexión y el descanso. En ese orden, porque los últimos dos partidos abrieron una señal de alarma en este Colón que, como ya se ha dicho, alterna los logros (clasificación en Copa Argentina y en Sudamericana) con rendimientos que no terminan de conformar ni de definirlo como equipo.

Lo mejor se vio con el 5-4-1 de los partidos ante el San Pablo. Con mucha concentración y convencimiento respecto de qué era lo mejor frente a un rival que, por individualidades y competitividad, no sólo tiene más potencial sino que venía con una continuidad de juego diferente a la de Colón. El esquema y la estrategia funcionó, pero no es la que pretende el técnico cuando habla de “protagonismo”.

Las veces que Colón salió a jugar de igual a igual o a tratar de ejercer superioridad, no le fue tan bien. Ni a Morón, ni a Patronato, ni a Tigre ni a Atlético Tucumán lo superó. Es cierto que tuvo un muy buen pasaje en los primeros 30 minutos del segundo tiempo contra los entrerrianos, cuando aparecieron en escena los Alan Ruiz, Mariano González y Heredia. O sea, los volantes que tienen que aportar la cuota de manejo futbolístico y de control de pelota. Pero en el resto de los partidos, el equipo sufrió más de lo que gozó, por más que el viernes se pudo haber traído un empate.

Quizás, Domínguez debió haber pensado en resguardar un poco más esa contención en el mediocampo ante la ausencia de un jugador gravitante en ese aspecto, como Matías Fritzler. Es la típica “manta corta” de la que tanto se habla cuando la búsqueda apunta a solucionar algún déficit del juego. Entre el equipo que jugó los dos partidos frente a San Pablo y el que jugó en Tucumán, hay muy pocas diferencias de nombres. Bastía por Fritzler (lesionado) y Olivera por Leguizamón (táctico), pero las distancias en cuanto a solidez e imagen compacta parecen abismales. Contra los brasileños, Colón parecía impenetrable; frente a los tucumanos, le llegaron mucho y en pocos pasajes pudo asumir ese deseado “protagonismo” al que hizo referencia el entrenador.

Domínguez ha encontrado una base titular, pero todavía no la línea de juego. Esto de responder con mayor claridad a un esquema defensivo y contra golpeador como el de San Pablo no es lo que el técnico desea como definitivo. Pero no le encuentra la vuelta a otra cosa y eso es lo que invita a la duda.

Justamente, todos estos elementos se dan en una semana muy especial por el partido que se viene. Como no pasa con ningún otro salvo que se trate de una final, al hincha no le interesa el “cómo” sino el “qué” pasa en el partido con Unión. “Los clásicos no se juegan, los clásicos se ganan”, dice el hincha, al igual que ocurre con las finales. Y si bien todos sabemos que el camino más corto para ganar es jugando bien, a nadie le importará si, al cabo, Colón lo gana jugando mal, que es una de las posibilidades que ofrece este hermoso deporte.