Colón : El tiempo se dilata si se apoya en resultados

Dejó una buena impresión Comesaña. Por su “honestidad brutal”, su simpleza y esa autocrítica que, por ejemplo, no era precisamente “propiedad” de su antecesor. Son formas de ser, pero cuando un entrenador, aun disfrutando de la alegría de una victoria, reconoce errores, tanto de los colectivos como de los individuales y sin escaparle a ninguna respuesta, deja una sensación positiva. Quizás la veteranía y la experiencia le hayan dado la solvencia y la sapiencia para reconocer públicamente lo que se hace bien y también lo que se hace mal. Hasta exponiendo esto último con más énfasis, dejando en evidencia que su objetivo no es dormirse en los laureles de una victoria, sino trabajar para que el equipo realmente crezca.

Colón tiene un DT nuevo y sin experiencia, como tal, en el fútbol argentino, con más seis jugadores que llegaron para integrar el plantel. Además, viene de un cierre de año conflictivo, sin resultados positivos y con serias deficiencias de funcionamiento que “el Bichi” Fuertes no pudo modificar en el poco tiempo que estuvo al frente del plantel luego de la salida de Domínguez.

Los últimos antecedentes de técnicos extranjeros, en su mayor medida, no han sido provechosos en el fútbol argentino. Muchos llegaron con pretensiones de mostrarse y, de un soplido, fueron deglutidos por un sistema que prácticamente no admite la posibilidad de la derrota.

El tiempo, para cualquier entrenador, es el mayor tesoro al que puede aspirar. Máxime si se trata de un extranjero como Comesaña, que se encuentra con esta posibilidad de dirigir en la Argentina después de una larguísima trayectoria que, fundamentalmente, se desarrolló en Colombia, donde terminó de jugar profesionalmente y empezó a dirigir. Ese tiempo, en Argentina, se acota naturalmente. Y peligrosamente, claro. Por eso, sólo los resultados pueden dilatarlo. Y el del lunes, como local (donde Colón se ha hecho fuerte en estos últimos tiempos), se valora muchísimo, más allá de que la sensación que queda es que Comesaña no se fue muy conforme que digamos. Y está bueno que así sea.

1) grandes falencias en Cadavid, al que le falta mucho. Y aquí surge la primera gran pregunta: ¿qué pasa con Ortiz?, ¿tan bajo está para que haya jugado Cadavid en su lugar?; 2) la ratificación del interesante proyecto que es Alex Vigo, un jugador al que no le pesa la pelota ni le falta confianza para hacer algo que a Comesaña le debe gustar: sus proyecciones ofensivas (recordar cómo jugaba Piedrahita en su Junior de Barranquilla); 3) una idea futbolística en la que se busca un buen trato de pelota que no siempre se dio, quizás porque no tuvo un buen partido Fritzler o porque, como dijo el técnico, se notó cierto apresuramiento en Zuqui y en Bernardi.

Comesaña habló de 30 entrenamientos y creo que exageró el número. Obvio que sumó los doble turno, que fueron muchos. Pero también hay que tener en cuenta que en varios entrenamientos se le dio prioridad a lo físico, algo que en Colón había faltado en el proceso anterior y por eso se daba la gran caída que el equipo sufría en los segundos tiempos.

Afuera hay jugadores que pueden aportar, del medio hacia arriba, las variantes que el técnico espera. Morelo es el principal, porque viene con la chapa de ser goleador de la última Libertadores. Pero no hay que olvidarse de Chancalay, de Mateo Hernández (que estuvo cerca de ser titular), de Sandoval o Leguizamón. En estos casos, con Domínguez algunos se fueron cayendo en su nivel (Chancalay) y otros ni siquiera tuvieron continuidad (Sandoval). El cambio de aire que dio la llegada de un nuevo entrenador, debería ser para ellos una nueva oportunidad de renovar ilusiones postergadas.

Hay que darle tiempo a la apuesta que se hizo con Comesaña, ver de qué manera le responde el equipo y cuál es la idea de juego. Colón viene de un proceso que, en la propuesta futbolística, se fue desvaneciendo más allá de algunos logros que se le reconocen a Domínguez. Pero Colón no dio, sobre todo en el 2018, una imagen colectiva atildada. Y ése es el gran desafío de Comesaña. Hacer que el equipo juegue a algo, que tenga una identidad, que no juegue esperando el error del rival sino que asuma roles protagónicos y con una identidad clara. Y mientras ese tiempo se consume, si es con buenos resultados, mejor. Como para que la locura del fútbol argentino no se termine devorando a Comesaña como pasó con muchos extranjeros en estos últimos tiempos.